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Mujeres y pandemia.

Hoy en un 8M diferente, igual que han sido diferentes todos los días desde que hace un año, entrarán a formar parte de nuestra vida la COVID19, las medidas de seguridad, el confinamiento o las mascarillas.

Ha sido un año muy duro para todos, la crisis sanitaria ha derivado en una crisis económica y en una crisis social. Estas tres crisis han golpeado fuertemente a la población, especialmente a las mujeres, que han pagado un alto precio por la pandemia. Tanto que la ONU Mujeres estima que la pandemia puede hacernos retroceder 25 años en igualdad para las mujeres, al profundizarse las brechas salarial, de desempleo o de precariedad laboral.

El coronavirus ha evidenciado las enormes carencias del sistema sanitario, la educación o la atención a la dependencia que, tras sufrir años de recortes, no han podido asumir las necesidades de cuidados generadas por pandemia. Han sido las mujeres las que, una vez más, han puesto sus cuerpos, sus trabajos y su tiempo para cubrir esas necesidades.

Las mujeres hemos estado en la primera línea de respuesta a la COVID19, tanto en el plano laboral, al ocupar la mayor parte de trabajos esenciales, como en el plano doméstico, donde asumimos la mayor parte de las tareas de cuidados.

Si antes de la pandemia las mujeres ya dedicaban más tiempo a las tareas domésticas y los cuidados que los hombres, desde el inicio de la pandemia esta diferencia ha aumentado. Según un informe de la Comisión Europea, las mujeres pasaron una media de 62 horas/semana cuidando de los niños, frente a las 36 horas de los hombres, y 23 horas en tareas del hogar, frente a las 15h de los hombres.

El que las mujeres sean, en su mayoría, las que tienen que dedicarse al cuidado y a las tareas del hogar, ha hecho que durante la pandemia el desempleo femenino haya aumentado el doble que el masculino, siendo España el país de la Unión Europea donde más a aumentado el paro femenino según los datos de la Encuesta de Población Activa, y donde más a crecido la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, según la Organización Internacional del Trabajo. La maternidad parece marcar la diferencia en el ámbito laboral: en el último trimestre de 2020, la tasa de empleo de los hombres con hijos recuperó el nivel de 2019, mientras que cayo 2,4 puntos porcentuales en el caso de las mujeres.

Las mujeres somos también mayoría en los trabajos considerados esenciales durante la pandemia. El 70% de los trabajadores del sector sanitario y social son mujeres, y también somos mayoría de dependientas, cajeras, limpiadoras, cuidadoras del hogar, etc. Estos trabajos altamente feminizados y esenciales para mantener el funcionamiento de la sociedad han sido, sin embargo, tradicionalmente infravalorados y sometidos a condiciones precarias.

Además, estas profesiones han estado mucho más expuestas al contagio. Según datos de noviembre del Estudio de Seroprevalencia ENE-Covid, el personal sanitario ha sido el grupo de trabajadores más afectado, con un 16,9% de prevalencia (del que el 78% serían mujeres), seguido por las mujeres que cuidan dependientes en el domicilio (16,3%), las mujeres trabajadoras de la limpieza (13,9%) y las trabajadoras del sector socio-sanitario (13,1%).

Esta mayor exposición, junto aumento de las responsabilidades y necesidades de cuidados en el hogar, entre otros factores, han afectado a la salud mental de las mujeres. De hecho, un estudio publicado en el British Medical Journal ha encontrado relación entre el género, la edad y las condiciones socioeconómicas y el impacto en la salud mental durante el confinamiento en España, siendo las mujeres y los jóvenes las que han tenido peor salud mental durante el encierro. Mientras que el estudio llevado a cabo por el Club de las Malas Madres y DKV, destaca que el 71% de las mujeres españolas se siente mucho mas cansada que antes del Estado de Alarma decretado por la pandemia de Covid19 y el 86% se siente apática, triste o desmotivada. La primera razón que señalan estas mujeres es el exceso de carga de trabajo (teletrabajo, cuidado, tareas domésticas, educación de las hijas e hijos, etc.).

No podemos olvidarnos de cómo ha afectado la situación de confinamiento a las mujeres que sufren violencia de género y que se han visto confinadas junto a sus maltratadores. Según datos del Instituto de la Mujer, durante la primera quincena del mes de abril con respecto a la primera quincena del mes de marzo, en 2020, se produjo un aumento de las llamadas al por violencia de género del 48% y un aumento del 733,3 % en el caso de las consultas online. De la misma forma, comparando el periodo de 14 de marzo a 15 de abril de 2020 con respecto al mismo en 2019, los incrementos han sido del 31 % en el número de llamadas y del 443,5 % en el de consultas online.

También merecen una mención especial las víctimas de trata y explotación sexual, muchas de ellas en situación irregular lo que hace que tengan dificultades a la hora de acceder al sistema sanitario o a las ayudas sociales.

En definitiva, la pandemia de coronavirus ha afectado a las mujeres de forma diferente que a los hombres y, además, nuestra presencia en la primera línea de respuesta en la batalla contra el virus ha sido abrumadora. Sin embargo, no hemos formado parte de la toma de decisiones para hacer frente a la pandemia en la misma medida. Un estudio de la Fundación Bill Gates y Melinda Gates alerta de que las mujeres son apenas el 19% de los expertos y el 13% de los políticos consultados para informar sobre la Covid19. Y aunque carecemos del dato, nos atrevemos a asegurar que el número de enfermeras consultadas será mucho menor.

Esto tiene una gravísima consecuencia, y es que se pierden nuestro punto de vista y la perspectiva de género a la hora de adoptar medidas sanitarias, económicas o sociales. Las mujeres en general y las enfermeras en particular, tenemos mucho que aportar a la toma de decisiones y en la elaboración de políticas para mejorar la salud y bienestar de nuestra población. Es el momento de alzar la voz para que nuestras voces sean escuchadas.

Por todo ello, hoy más que nunca, ante la emergencia social, el feminismo es esencial.

 

 

 

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